Pocas empresas relacionan o incluyen en su Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo – SG-SST, el tema de la salud sexual, que, aunque suena muy ajeno a la organización, está directamente asociada a los factores de riesgo que muchas organizaciones pueden tener.
Temas como la infertilidad, la fertilidad reducida, el aborto espontáneo o las dificultades asociadas a la erección, son algunas de las consecuencias que se pueden generar por labores que desempeñamos en el día a día.
Como empleados tenemos una responsabilidad muy importante con la promoción de nuestra salud y la prevención de nuestras enfermedades. Por eso es importante, entre otras cosas:
Participar de todos los espacios de capacitación diseñados en el plan del SG-SST. Allí podemos conocer los riesgos a los que nos encontramos expuestos y cuáles son las medidas que la empresa asume para mitigarlos.
Informar cualquier anomalía o situación de salud física, mental y/o sexual que presentemos. Una atención a tiempo en cualquiera de estas situaciones puede minimizar significativamente su impacto.
Hacer parte de las actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad. Éstas estarán encaminadas a la salud física, mental y sexual, una triada importante en nuestras vidas.
Como empleadores nos corresponde identificar los riesgos a los que nuestros colaboradores se encuentran expuestos, y después de este importante proceso, establecer controles específicos para cada uno de ellos.
Además, debemos:
Implementar actividades de promoción de salud y prevención de la enfermedad encaminadas a garantizar la salud, y recordar, que la salud sexual es una parte importante del bienestar de nuestros colaboradores.
En caso de tener colaboradores con lesiones, afectaciones o alteraciones, debemos realizar los controles y el acompañamiento periódico necesarios.
Si nuestra empresa manipula o cuenta con sustancias químicas, nos corresponde implementar un sistema basado en el SGA (Sistema Global de Armonizado) y socializarlo con todo el equipo de trabajo.
Es muy importante promover hábitos de vida saludable, esto incluye la debida gestión del ejercicio, la alimentación y el descanso.
Estudios recientes de la Organización Mundial de la Salud y diversas consultoras de capital humano han demostrado que una salud sexual plena actúa como un regulador natural del estrés. Al liberar oxitocina y endorfinas, el cuerpo humano mejora su capacidad de respuesta ante las presiones del trabajo diario. Esta conexión no es superficial; se trata de una base neuroquímica que favorece la concentración, eleva el estado de ánimo y fortalece el sistema inmunológico, reduciendo drásticamente las tasas de ausentismo laboral que tanto afectan a las Pymes.
La integración de la salud sexual como un pilar dentro de los programas de bienestar no busca invadir la intimidad del colaborador. Por el contrario, el enfoque actual del trabajo moderno se centra en ofrecer educación, derribar estigmas y proporcionar recursos que garanticen el respeto a la diversidad y el autocuidado. Las empresas que han implementado charlas sobre salud reproductiva y derechos han notado una mejora del 15% en sus indicadores de clima organizacional, ya que el empleado se siente valorado en todas sus dimensiones humanas.
Además, el entorno de trabajo actual exige una mayor conciencia sobre la prevención. La gestión de riesgos ya no se limita a la seguridad física, sino que abarca la salud hormonal y emocional. Un trabajador que goza de una salud sexual óptima tiende a mostrar una mayor resiliencia ante los conflictos interpersonales y una capacidad superior para la resolución de problemas complejos. La energía y el enfoque que se derivan de un bienestar íntimo satisfactorio se traducen, inevitablemente, en una ventaja competitiva para la empresa.